Por Fabiola Santiago

Después de su ópera prima Titixe (2018), documental en el que se adentraba en su legado familiar campesino, Tania Hernández Velasco vuelve con un filme aún más íntimo, esta vez en dirección a cuatro manos junto con su hermano Semillites. En una especie de diálogo lúdico, Tania y Semillites acarician heridas del pasado sobre la identidad, el género, el cuerpo y la piel, y enuncian la posibilidad de transformación y reencuentro.
Nuestro cuerpo es una estrella que se expande es el resultado de este abrazo/película conlaborativa y es parte de la edición 41 del Festival Internacional de Cine de Guadalajara, en donde compite por el Premio Maguey. En entrevista, les directores nos hablaron de esta obra.
Lumbre Cinema (LC): Titixe ya era una película muy personal, pero abordada a partir de un tema familiar y esta película es muy íntima y vulnerable. ¿Cómo se animan a hacerlo de esta forma? Es un material muy sensible, y a la vez muy crudo.
Tania Hernández (TH): Cuando yo estaba terminando Titixe, se empezaron a remover muchas preguntas identitarias; sobre mi cuerpo, sobre nuestras raíces, y sobre todo preguntas sobre por qué había tenido un autorrechazo tan grande a varias de las cuestiones que conforman nuestra identidad y empecé a anhelar hacer una película en donde otres pudieran hablar de ese sentimiento. Entonces empecé a tener pláticas con Semi, que en aquel entonces no había comenzado su transición de género, sobre sensaciones corporales que compartíamos y también sensaciones que eran más específicas de su experiencia.Le propongo hacer una peli con él delante de cámaras y su respuesta fue lo que sentó las bases de Nuestro cuerpo es una estrella que se expande.
Semillites Hernández (SH): Sí, creo que justo viniendo desde las artes visuales y el autorretrato, para mí esa disciplina (el cine) era una herramienta de autodescubrimiento muy importante, no sólo en mi transición, sino en mi manera de ser. Y creo que al estar tan vulnerable enfrente de la cámara, lo que más anhelaba era tener a Tan al lado mío, y que pudiéramos confiar en ese retrato mutuo. Empezó este intercambio de saberes y un ejercicio de enseñanza mutua, donde también Tan me enseñó literalmente a agarrar la cámara, la luz, todas las cosas que conllevaba hacer una película, y poder hacer este autorretrato colectivo de este cuerpecito que se crea en la película.
LH: Algo que también me gustó mucho es la propuesta visual que tiene la película, que no es solo testimonial, sino que tiene una propuesta estética con una relación entre paisajes, texturas de la tierra y la conexión con la piel. Sabiendo que ustedes tienen esta formación en cine y en artes visuales, me interesa mucho cómo fue el trabajo con las fotógrafas (Elena Pardo y Sandra Luz López Barroso).
TH: La peli parte de la premisa de que nuestro cuerpo es nuestro primer territorio. Por supuesto, esta es una idea que viene de los feminismos comunitarios, algo enunciado, por ejemplo, por Lorena Cabnal y que de alguna manera (toca) a las personas que hemos pasado por procesos de desindigenización o de desplazamiento identitario, como es el caso de nuestra familia, que rompimos los lazos con las comunidades originarias en la Mixteca Poblana. Había una pregunta de “¿entonces de dónde somos?”, “¿cuál es nuestro territorio”, “¿cuál es nuestro lugar?” Y la respuesta venía en este pensar el cuerpo como un lugar al cual se puede une adentrar, viajar, por decir así, caminarlo, conocerlo…Y entonces queríamos que esto se desenvolviera plásticamente, filmando el cuerpo prieto, por decirlo así, como con mucho esplendor, y a la vez intentando volverlo paisaje. Esto liderado por el gran ojo y talento de Elena Pardo, para todas las texturas del cuerpo, volverlas ríos, cuevas, constelaciones, y a partir de esto poder acceder a lugares reales que sí son representativos de la historia de Semi y mía, y la historia de nuestra familia. La parte más plástica la trabajamos con Elena en en condiciones de experimentación, también aprendiendo mucho de su forma de trabajo, y la parte documental la trabajamos con Sandra Luz López Barroso, que es esta documentalista con la que tenemos un vínculo bastante fuerte, y con quien logramos no solo explorar los sitios donde filmamos de manera sensorial, sino también generar momentos de intimidad documental, en donde a veces Sandra tenía la cámara, y a veces nosotres. Entonces hay una multiplicidad de lenguajes, pero creo que todos están atravesados por la experimentación.
LC: También del lado sonoro sentí esto, que aporta otra capa. ¿Qué es lo que querían transmitir a nivel auditivo?
TH: Para nosotres creo que hay una importancia de invocar varios niveles del cuerpo. Y uno de esos niveles tiene que ver con las funciones más viscerales que tiene el cuerpo, desde un latido del corazón, hasta las tripas, hasta sonidos incluso escatológicos, ¿no? Porque la premisa de la peli pues también es expandir nuestra idea de cuerpo, y sí, en algún momento hay estas imágenes en donde el cuerpo se vuelve estrella, flor, como recordándonos que estamos dentro de un cuerpo. Por otro lado, a mí desde Titixe me interesó mucho pensar el montaje como una exploración lúdica y casi musical, buscar ritmos, repeticiones, y eso es una exploración que hago incluso antes de filmar. En este caso también fue enriquecida por la propuesta de Semi, que todo el rato ponía sobre la mesa la idea de pasarla bien mientras estábamos haciendo rodaje, o sea, como romper un poco las líneas de la intimidad documental solamente y por ejemplo explorar sonidos, susurros, registros, y creo que eso tiene que ver también como con su forma de habitar el hacer cine desde un lugar lúdico que pertenece a su práctica. Después se fueron sumando aliadas increíbles, tanto Diana Toucedo en el montaje y por otro lado María Alejandra Rojas y Nayuribe Montero, que son las diseñadoras sonoras que enriquecieron de forma poderosísima la película. Finalmente hay una propuesta que envuelve toda la película, que son coros hechos por nuestra familia y amigues, que nos acompañan en momentos clave, y para nosotros era una forma de invocar a la presencia de nuestros ancestres, y un abrazo colectivo.
LC: ¡Qué lindo! Hay una parte en la que mencionas que en tu adolescencia sentiste este deseo de ser una especie de cerebro, y creo que me identifiqué muchísimo con este escondernos en lo intelectual. Además la película sí tiene una parte muy cerebral, pero también es súper sensorial, entonces me pareció muy bonito cómo es ambas cosas.
Por otra parte, ¿qué referencias tuvieron para hacer esta película?, ¿y qué antirreferencias? Pensando en películas que abordan temas de identidad, racismo, transiciones, y que hayan pensado “eso no queremos hacerlo así”…
SH: Creo que algo que teníamos claro era que el mundo está lleno de historias de personas racializadas o personas trans, en donde se explotan mucho los traumas. Para nosotros era muy importante decir que somos que las heridas. La otra cosa fue trabajar colaborativamente, y el hecho de que Tan me haya invitado a ser codirector y que trabajáramos de esta manera mucho más horizontal, pues es una manera de hacer cine completamente distinta. No hay un sujeto trans frente a la cámara y una visión cis detrás de cámara. Esa fue una brújula en cuanto a hacia dónde íbamos a ir.
TH: Yo agregaría referencias. Justo nos preguntamos mucho sobre esto que dice Semi de cómo proteger la herida del morbo; por otro lado también llenar algunos de los vacíos que las narrativas oficiales mexicanas han atravesado a muchos de los cuerpos que habitan este territorio. Fue muy importante pensar en la ficción especulativa, en esta idea de tiempos ancestrales y futuros radicales. No sólo pensarnos como parte de un linaje inmediato, sino como un linaje que se conecta con peces, con lagartos, fósiles y después invocamos por ejemplo a lo que nombramos ancestres del futuro, que son personas que vienen y en este caso personas no humanas: un chapulín que viene del futuro a revelarnos algo. Invocamos al fuego, invocamos a las flores y de alguna manera creo que hay algunas referentes en ciencia ficción como Octavia Butler y Ursula K. Le Guin, que fueron faros de luz, y también gente que estaba haciendo preguntas de nuestro territorio, como Yasnaya Aguilar,, como Lía ‘La novia sirena’, que es alguien que Semi siempre traía sobre la mesa en plan de cómo abordar desde la ternura procesos de sanación colectivos. Entonces creo que sí que estuvimos muy rodeades de estas personas que de alguna manera son también ancestras de la peli.
LC: Por último quería preguntarles, ¿qué aprendieron une del otre a la par de hacer la película? Me imagino que en este proceso de filmar algunas cosas se habrán revelado.
SH: Tan es una persona que todo el tiempo está pensando, es como el perfecto balance entre cuestionar las cosas, y hacerlo con muchísima empatía y humildad; siento que cuando entra a un espacio hace que cambie y se ilumine.Y esa manera de hacer arte y el amor a su práctica es tan grande que es súper disciplinada y súper feroz y creo que la película juega pero también existe por la disciplina que Tan le pone a lo que hace. Estos procesos creativos a veces son muy precarizados, pero también requieren muchísima esperanza, y Tan trae esa esperanza a la mesa.
TH: Además de todas las enseñanzas queer, trans, que son las que están en la película y que tienen que ver con esta posibilidad de renombrarnos, transformarnos, hay un nivel de cuidado y también de concepción de la creación como un lugar de vida y de goce que Semi me enseñó y que creo que nos enseñó a todo el crew. Semi en muchos momentos se preguntaba por qué teníamos que seguir algún tipo de ritmo tan trepidante, que son los ritmos que muchas veces hemos normalizado en el cine. Y se ponía en huelga y decía pues yo la verdad es que hasta aquí llego, hasta aquí llega mi cuerpo, y creo que eso nos enseñó a nosotros en el crew a poner límites y pensar que lo que estamos haciendo no es una cuestión de vida o muerte y que necesitamos asegurar condiciones de trabajo y condiciones de existencia más cuidadosas, más amorosas y que permitan estos espacios justo de disfrute y de goce que Semi todo el rato nos quería provocar. Eso por un lado y por el otro también pensar que la dirección es un lugar muy solitario y que estas formas colaborativas de sostener la responsabilidad creativa son sumamente generativas, pero más cuando se hacen con alguien a quien admiras y que conoces tan bien como es mi caso con Semi. Entonces no sólo desde el lugar del goce y del cuidado he aprendido mucho, sino también desde su propia práctica como artista visual, él tiene una filosofía de trabajo que también tiene que ver con lo que él nombra “la imperfección” y que tiene que ver con pensar a quién le debemos lealtad cuando pensamos en la perfección y si esta no tiene también legados coloniales y entonces pensar también que lo más importante de una creación pueda ser el proceso más que el objeto final, que es una condición más capitalista y fue algo que totalmente estoy interiorizando en mi práctica y que espero que en el futuro pueda terminar de madurar.
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