Por Fabiola Santiago

Entre paseos por la montaña, cabelleras que se trenzan e hilos que se forman con las manos, el documental Formas de atravesar un territorio hilvana imágenes, fotografías y conversaciones para compartirnos un poco de la vida de un grupo de mujeres tsotsiles que se dedican a pastorear ovejas y tejer lana en las montañas de Chiapas. La película fue parte de la selección Ahora México en FICUNAM, obtuvo el Premio Musa al Mejor Documental Dirigido por una Mujer en el Festival Internacional de Cine de Morelia, y tuvo su estreno internacional en la Semana de la Crítica del Festival de Locarno, además de proyectarse en el Festival de La Habana y estar en la sección Best of Fests del IDFA.
En el marco de su estreno comercial, conversamos con la directora Gabriela Domínguez Ruvalcaba sobre su segundo largometraje y su acercamiento con el cine documental.
Lumbre Cinema (LC): De todos los temas que podrías abarcar de este lugar (Chiapas), ¿qué te llamó la atención de este grupo de pastoras para que decidieras contar esta historia y hacer esta película?
Gabriela Domínguez Ruvalcaba (GDR): De todas las cosas que podían contarse de este lugar, hubo una que pesó más y que a la vez abarca muchas otras: el territorio. Como el nombre lo dice, se trata de las formas de habitar, atravesar, cohabitar y estar en este territorio. Eso fue lo que más me atrajo, aunque había otras cosas en el tintero. Con este concepto podía ir más allá de ellas como mujeres tsotsiles, con su cultura, tradiciones y formas de vida. Para mí se amplió la mirada al entender que no son solo ellas por sí mismas, sino porque pertenecen a un territorio, porque lo habitan de tal manera que se hacen parte de él. Por eso mi aportación también está dentro de la narrativa: yo lo entiendo como un encuentro en el que estamos ellas, yo y el territorio, creando las capas que hacen la película.
LC: Justo quería preguntarte por la subjetividad en tus películas. Tu ópera prima La danza del hipocampo es muy personal, parte de tu familia y su archivo. En esta segunda obra pudiste haber decidido filmar solo a este grupo de mujeres, y sin embargo también apareces. ¿Cuál es tu postura respecto al “yo” dentro del documental?
GDR: Definitivamente me siento más desde ese lugar. Puedo expresarme mejor, ser más honesta, entenderme y entender lo que miro cuando sé desde dónde lo estoy mirando. En las dos películas que he dirigido, la autorreferencialidad tiene sentido. Vivimos rodeados de imágenes donde no se siente quién mira, imágenes que solo muestran, que podrían haber hecho cualquiera, incluso ahora con la inteligencia artificial. Para mí cada vez es más importante apostar por un cine cercano, y en mi caso es un cine autorreferencial, donde me siento más cómoda.
LC: Otra cosa que noté en esta película son las puestas en escena. Estéticamente son muy bellas, pero es algo que en el documental a veces se cuestiona, con esta idea de que debía ser observación pura. ¿Cómo surgieron esas imágenes y por qué decidiste incluirlas?
GDR: Parten de esa premisa: “esta película está siendo enunciada desde esta persona”. No las llamaría construcciones, más bien son una mirada distinta a algo que ellas hacen cotidianamente. En cuanto pones una cámara ya hay subjetividad y muchas cosas quedan fuera. Más allá de lo que se omite, se trata de cómo seguir metiendo capas en la imagen, de hacer presente al espectador que lo que ve es una creación desde lo real, pero con ese guiño de extrañamiento.
Con las mujeres tejedoras, por ejemplo, bastó con quitar un elemento y mostrar lo que hacen diariamente, desde niñas hasta abuelas. Ese gesto puede parecer una construcción, pero en realidad es una reapropiación con un peso simbólico. Algunas escenas no retratan lo cotidiano, pero nacieron de lo vivido en esos cuatro años: como la de la mujer con la trenza, que es imaginaria, onírica y simbólica, y que responde a una mirada personal. Todas se realizaron en acuerdo con ellas; incluso sugerían cosas: “esto no”, “la falda mejor así”. Detalles que surgieron en la realización, aunque en la planeación ya estaba la idea de enmarcar la realidad de otra manera.

LC: Algunas de estas mujeres son bilingües, pero entre ellas hablan principalmente tsotsil. Sin embargo, en las escenas se percibe mucha cercanía contigo. ¿Cómo trabajaste para atravesar esa aparente barrera del idioma?
GDR: Fueron cuatro años de generar confianza, de acompañarnos, de atravesar momentos difíciles. Eso nos permitió construir algo más allá de la película: un vínculo real. Para cuando llegó el rodaje en 2022 —solo 15 días, con una idea muy clara— ya había mucha confianza. Incluso con la llegada del crew, que en algunos casos ellas veían por primera vez, ese vínculo permitió que también se sintieran acompañadas y en confianza con la fotógrafa.
LC: En la película se perciben esas ganas de generar más cercanía entre personas que habitamos territorios cercanos, aunque a veces parece que estamos muy lejos. ¿Notaste diferencias en la recepción de la película en Chiapas, en México y fuera del país?
GDR: Presentarla en San Cristóbal ha sido muy bonito. Provoca reflexiones sobre esta realidad de estar separados, de “ellos allá y nosotros acá”, que quizá no nos hemos atrevido a romper del todo. Para mí, mostrarles esa fotografía y decirles eso, es dar ese paso: reconocer que la distancia no es tanta, que lo que hace falta es voluntad, la voluntad de abrirnos a lo desconocido, a lo diferente, para encontrar lo que nos reúne.

También han surgido reflexiones entre ellas mismas, como la familia de Doña Sebastiana o las mujeres tejedoras, sobre la importancia de mostrar su trabajo a un público que lo desconoce. Y, además, de que esas imágenes queden como registro para otras generaciones. Una de ellas me dijo algo muy bonito: agradecía que ahora sus hijas, sus nietas y quienes vengan después puedan ver lo que ella hacía. Eso es muy especial.
LC: Por último, ¿qué te dejó a ti este documental?
GDR: Aprendí a reconocer más los territorios que habitamos, no solo en términos de lo que hay en el espacio, sino de la historia: quiénes estuvieron antes, qué procesos han marcado cada lugar. Entendí que estamos aquí, pero somos parte de un ciclo; nuestro paso es pequeñito, pero el territorio seguirá construyendo vínculos de otras maneras.
También aprendí mucho de mí como documentalista: desde dónde quiero hacer cine, la importancia de ser honesta, de contar historias que me importan y que también sean significativas para las personas con quienes trabajo, siempre con cuidado y construyendo vínculos. Podría decir muchas más cosas, pero esas son de las que más me llevo de esta película.

Formas de atravesar un territorio, de Gabriela Domínguez Ruvalcaba, se estrenó en septiembre de 2025 en México bajo la distribución de Artegios.
