Por Oralia Torres

La cineasta Elena López Riera ha construido una obra muy ligada a la memoria, los mitos y las tradiciones, con trabajos como Pueblo, Las vísceras y Los que desean, premiado en Locarno. En 2022 estrenó su primer largometraje, El agua, en la Quincena de Realizadores de Cannes, y este año presentó Las novias del sur, un mediometraje documental que recupera las voces y experiencias de mujeres del sur de España.
Más que una entrevista, tuvimos la oportunidad de platicar y compartir con la directora española una conversación alrededor de lo que nos impulsa al hacer cine, los cambios de perspectivas y las fuertes conversaciones alrededor del matrimonio y la maternidad.
Lumbre Cinema (LC): Quiero primero felicitarte por el documental, me pareció una muestra excelente de filmar la historia de todas estas mujeres a tu alrededor. ¿Cómo fue idear este documental? ¿Cómo fue tu proceso para planear las entrevistas?
Elena López Riera (ELR): Pues encantada, gracias. La verdad es que surgió sin pensarlo mucho. Yo venía de hacer un largometraje y de otra estructura de producción, digamos más grande, y acababa de cumplir 40 años; me había separado, estaba muy triste. Tenía atravesado un momento así, duro de mi vida, y sentí una necesidad muy urgente y simple de hablar con mujeres que habían venido antes que yo, que tenían más o menos la edad de mi mamá y que habían hecho cosas que yo no iba a hacer, como casarme y tener hijos. Tuve ese diálogo con mis amigas, con gente que más o menos había hecho lo mismo que yo, que estaba de acuerdo con mis decisiones de vida. Y me sentía muy perdida y tenía la necesidad de preguntarles a ellas cuáles habían sido sus experiencias distintas a la mía. Me di cuenta también, haciendo la película, que a lo mejor no eran tan distintas y que yo había sido un poco todas esas mujeres a lo largo de mi vida. Creo que también tiene que ver con una cosa de la madurez y, sobre todo, de darme cuenta de que conmigo se acababa la historia de las madres y de las hijas y era algo que, teóricamente, yo lo tenía integrado, pero lo dices en voz alta y ¡wow! Miras hacia atrás y siempre hubo una madre, una hija, y conmigo ya se acabó. Es un poco vertiginoso.
LC: Pero ¿no sería también una forma de que el cortometraje continúe ese legado? Porque con esta obra estás recopilando historias y las estás compartiendo, y viendo qué tantas cosas en común tienen muchísimas personas.
ELR: Bueno, no podía calcular eso porque lo hice de una manera muy intuitiva, muy pequeña. Fíjate que todas las mujeres, cuando fui a hablar con ellas, me preguntaron “¿pero por qué? ¿A quién le va a importar esto?” Y les dije “No lo sé. Creo que, a lo mejor, a nadie, solo a mi amiga y a mí”. Ha sido muy bonito ese proceso, porque ahora ya llevamos un año y medio presentando la peli, se ha visto un montón, sigue viajando por países muy lejanos. Hace poco estuve en Corea y la gente me decía “mi abuela es igual” y qué maravilloso, ¿no? Que increíble, pero eso no lo podía calcular porque realmente no sabía si le iba a interesar a alguien esta peli, mi pequeña venganza también al patriarcado, de decirles a esas mujeres que sí importan.
LC: Claro. ¿Cuál piensas que fue el mayor reto durante la producción?
ELR: La postproducción, sin duda. No se planeó nada y lo hicimos sin dinero, literalmente fue solo con mi mejor amiga, que también es directora de casting, que es una parte muy importante de mi trabajo, y somos del mismo pueblo, hemos crecido con la misma cultura. La etapa de planeación fue estar ahí en el pueblo y de repente ir con la cámara. La postproducción fue muy complicada porque era aparentemente muy sencillo, era gente hablando, que también es algo que ya nadie quiere hacer. No me quiero volver a inventar el cine 20 veces, lo que me interesa es esta mujer hablando. No se me ocurría una manera más honesta de filmar esa palabra, que no fuera un plano fijo de ellas hablando. Luego estaba esa parte de mí, de mi voz no muy íntima, muy subjetiva, con todas esas imágenes de archivo y un planteamiento de montaje que, desde el principio, fue muy seco, fácil hubiera sido que el relato de esas mujeres estuviera por encima de los archivos. Hace todo mucho más dulce, más bonito. Y con la montadora dijimos “no, queremos que sea la palabra y ver cómo esas mujeres hablan, no interceder, no interrumpir, no traficar el sonido, que no se eliminen los errores, los tartamudeos, que esa palabra esté tal cual”. Tardamos muchísimo tiempo. Los primeros visionados fueron muy duros porque a la gente no le gustó nada, «que no se entiende por qué está tu voz, ahí está la voz de ellas». Dije “bueno, pues ya está, aquí se queda la película, no va a ningún sitio, ahí me la dejo para mis amigas y para mí”, y dos días después nos escribieron del Festival de Cannes que la querían.
LC: ¿Qué es lo que más te ha sorprendido en las proyecciones de esta película?
ELR: Para empezar, no esperaba que una película de 40 minutos se estrenara en cines, en varios países. En España le ha ido bastante bien. Me ha sorprendido mucho que la vean, que fuera gente joven con sus abuelas, que fuera gente en familia. Lo que me ha ido llegando después de la gente es que se abría luego una conversación posterior a la peli, tiene algo de visionado colectivo.

LC: Claro, justo estaba pensando en la continuidad con tu cortometraje anterior, el de Las vísceras, que también concluye en un punto de “esto es algo que siempre va a estar pasando” y luego con Las novias del sur reflexionas que esta historia se acaba aquí. Me pareció súper potente e impresionante de que son perspectivas que cambian con el tiempo.
ELR: Me alegra que menciones ese corto porque yo tengo una relación muy complicada con mi trabajo, y Las vísceras es el único trabajo que no he vuelto a ver. Creo que es muy accidentado, que se parece mucho a mí y a mi inseguridad y me emociona mucho que lo hayas visto porque en ese trabajo y en todos hay algo que siempre me obsesionó, que es la repetición de los gestos. Por eso me interesan mucho los rituales, la literatura oral, esas leyendas que se van transmitiendo. Pero también es lo que me pregunto en cada peli, ¿qué margen tenemos para cambiar la herencia? En el caso de Las novias del sur, era un ritual que se supone que es el ritual más íntimo del mundo, que es la celebración de la intimidad, la sexualidad, el amor, que se concretiza en un ritual que todo el mundo conoce, que los gestos son repetidos una y otra vez. Hay toda una simbología, damos por hecho cosas y no nos las preguntamos porque las vemos todos los días y pensamos que las entendemos y no. Como decía Chantal Akerman, lo que hay que hacer es volver a filmar la cocina, la casa, eso que vemos cada día, porque de tanto verlo dejamos de verlo. Con las palabras y los rituales pasa lo mismo. El ritual de matrimonio es la celebración máxima de que ese cuerpo le pertenece a todo el mundo, porque es un cuerpo nuevo que va a ser usado para la procreación, para la creación de la familia y de la comunidad, de la especie, ni siquiera tiene que ver con el amor, ¿no? Tiene algo muy animal también en el fondo. Entonces, cuando empiezas a darte cuenta de todo esto y a pensar en qué margen tenemos para cambiar en cada generación todo este acervo que viene cargado.
LC: Algo que me encantó de la película fue que tomas el tiempo para entrevistar a estas señoras y todas son diferentes. Es un ejercicio muy impresionante de recopilación de la memoria, la perspectiva de personas que viven en comunidades más pequeñas.
ELR: Ese fue un criterio de montaje muy importante también, porque creo que tendemos a pensar sobre todo que las mujeres de esa generación son menos feministas, menos progresistas, menos todo que nosotras. Pensar que son todas iguales en España por lo menos, no sé en México, pero hay esta imagen, incluso de Lorca, de la mujer enlutada de negro, triste, llorando, y qué error pensar que todas somos iguales en cualquier generación. Los feminismos son muchos, los no feminismos también, podemos ser y somos diversas. Darnos cuenta de esa diversidad también es una tarea.
LC: Además de Ackerman, ¿cuáles son tus mayores influencias cinematográficas?
ELR: Me gusta mucho el cine de Apichatpong (Weerasethakul), (Jean) Renoir, me gusta mucho el cine clásico francés de los años 30, (Jean) Gremillon, pero sobre todo creo que lo que más me influencia es la literatura. Lo que más me gusta del mundo es leer y hago pelis porque no me atrevo a escribir, le tengo demasiado respeto a la poesía, a la literatura, porque es lo que a mí realmente me mueve mucho.
LC: Normalmente hago la pregunta de cuáles son tus películas favoritas, pero aquí te voy a preguntar, ¿cuáles son tus libros favoritos?
ELR: ¡Wow! Bueno, a mí me gusta mucho la poesía de Lorca. Sobre todo me gusta la poesía. Me gusta mucho Miguel Hernández, que es de mi pueblo, luego una poeta iraní que también hizo una película que es mi preferida, se llama (Forough) Farrokhzad y su película se llama La casa es negra. Marguerite Duras me gusta mucho y también la literatura de Chantal Akerman, que me parece muy buena cineasta, obviamente, pero me parece mejor escritora que cineasta.
LC: ¿Qué proyectos tienes en mente para hacer ahora? ¿Qué viene después de Las novias del sur?
ELR: Si todo va bien, estoy escribiendo un proyecto que no tiene nada que ver, es una película de ficción, casi fantástica de época, sobre una médium en principios del siglo 20.
LC: Qué padre, suena muy bien. Al momento de recorrer el mundo con Las novias del sur, ¿cuál ha sido tu lugar favorito para presentarlo?
ELR: Las proyecciones que he acompañado en España han sido bastante fuertes porque, claro, el estreno de una película de 40 minutos hay que acompañarla mucho y lo que hice fue armar varias presentaciones con amigas escritoras, acompañar cada proyección con una hora y media de conversación, porque para mí lo importante no es tanto la película en sí, sino todo el debate que se abre a partir de las historias de estas mujeres, y fueron muy emocionantes todas. En Madrid, invité a dos amigas poetas que quiero mucho, unas genias totales, Berta García Faet y Violeta Gil, y estuvimos una hora y media hablando y la gente compartiendo “yo no sé si quiero ser madre, ¿qué opinas?” Era muy bonito, no me imaginaba que en un cine con como mil butacas que la gente se quedara a compartir eso, fue una catarsis muy fuerte.
LC: Muchísimas gracias por platicar conmigo, esta película sí es para discutirse más.
ELR: Bueno, qué bien que las películas provoquen la vida y no al revés, ¿no?

Las novias del sur, de Elena López Riera, llega a salas de México a partir del 5 de septiembre de 2025, distribuida por El inicio cine.
