Crítica de “El norte sobre el vacío”

Por Fabiola Santiago

No, no te preocupes por mí
Aquí todo sigue igual, como cuando estabas tú
Si, es cierto que no hay calor
Ni en la casa hay el olor de tu cuerpo, sin igual
Ya, ya la fuente se secó, el canario ya murió
Pero aquí, no hay novedad
No, no te preocupes por mí
Aquí todo sigue igual, como cuando estabas tú.

"No hay novedad", Los cadetes de Linares.
El norte sobre el vacío crítica
Agencia Bengala

No hay novedad: El mezquite y el polvo seguirán iguales una vez que nuestras presencias se hayan diluido en el desierto. Una ráfaga (o el filo de un cuchillo, o una mentira, o un incendio) romperá el aire para comenzar un final precipitado pero inevitable, como los ciclos de todo aquello erigido por el hombre.

Después de Semana Santa (2015) y Las niñas bien (2018), ambas estrenadas en Toronto, la directora Alejandra Márquez Abella presentó su más reciente filme El norte sobre el vacío (2022) en la sección Panorama de la Berlinale. La cinta toma prestados tropos del género western para cuestionar y desarmar varias hegemonías, que van desde los valores del orden patriarcal, hasta aquellas que competen a las formas cinematográficas.

La cineasta elige en esta ocasión un espacio que se rige por sus propias reglas. La historia de este rancho ubicado al norte de México se presenta a través de la mirada alerta y omnipresente de Rosa (Paloma Petra), la empleada del hogar y cuidadora del rancho. Ella es quien vigila la tierra, pero ésta le pertenece a Reynaldo (Gerardo Trejoluna), quien al inicio de la cinta es reverenciado por un grupo de hombres como el jefe máximo de este pequeño reino, que celebra sus 20 años de haber sido fundado. El núcleo de la película (escrita por Márquez Abella en colaboración con Gabriel Nuncio) se retoma de una anécdota real de un empresario que defendió sus terrenos de criminales. Pese a su final trágico, el comportamiento heroico de su protagonista fue sumamente aplaudido en su momento.

Junto con los animales que todo lo observan, la directora parece preguntar a coro con su elenco justo antes de que inicie el derrumbe: “¿De qué le sirve eso a un hombre…?” ¿Cuál es el precio del heroismo? ¿Vale la pena pagarlo? ¿Y bajo qué principios se levanta la masculinidad? La película construye atmósferas tensas y va desarmando esos cánones al yuxtaponer los paisajes calurosos con un score inquietante. Recreando una especie de caleidoscopio y con una repetición de momentos, las imágenes de la directora y de la cinefotógrafa Claudia Becerril dan forma a la inefabilidad de los instantes decisivos en los que la relación de poder entre Rosa y Reynaldo comienza a quebrarse.

No es de extrañar que una historia que se desarrolla cerca de la frontera entre México y Estados Unidos tome prestados elementos del western. Mientras que en el centro y sur del país nos gobierna el falso mito del mestizaje, basado en una supuesta unión entre los colonizadores españoles y los pueblos originarios, el Norte presume de haberse “hecho solo”. En tierras calientes y poco fértiles, sus pobladores fundaron pueblos que se transformaron en ciudades industriales o ganaderas. La identidad en esa parte del país es una muy particular, en la que el orgullo adquiere otro peso y el calor del aire se respira diferente. Pesa también la cercanía con Estados Unidos, un país que glorifica a vaqueros y los convierte en héroes a través de planos y contraplanos que anticipan sus duelos. Pero las criaturas que habitan el filme (como cabras, sapos y vacas, captados constantemente en planos cerrados) parecen ajenas a los valores que abrazan los personajes (humanos) principales. Cuando el villano aparece en una camioneta arruinando un festejo familiar, las fronteras comienzan a diluirse, como aquellas que separan a los amos de sus sirvientes.

Saltan a la mirada temas recurrentes en el cine mexicano, como la familia o la violencia del narcotráfico. Una observación más detallada nos revela que la cinta cuestiona también las representaciones de esa hegemonía fílmica. Márquez Abella es conocida en México por alzar la voz acerca de la prioridad que se le da a la mirada patriarcal sobre la femenina. A diferencia de cintas que codifican el machismo a costa de explotar los cuerpos de las mujeres, El norte sobre el vacío apuesta por representar la fragilidad y contradicciones de las masculinidades: Un cazador con pésima puntería, un heredero sin interés en su legado, o la ficción irrisoria de los mitos fundacionales. Mientras otros directores eligen dar un rol casi ornamental a las mujeres encargadas de las tareas domésticas, aquí Rosa es dueña de su voz, intuición y mirada, aunque sus empleadores la vistan de uniforme y hablen de ella como si no estuviera ahí. La expresividad de Paloma Petra en esta interpretación construye a un personaje con luces y sombras que no aspira a ser como de la familia. Sus afectos y lealtades la dotan de una complejidad distante de polarizaciones estereotípicas.

Cuando la imagen vuelve a quebrarse como en un caleidoscopio y nos encontramos ante otro instante decisivo, es uno de los lazos entre Rosa y Reynaldo lo que prevalece. ¿Es posible que su conexión sea más fuerte que aquella creada por lazos sanguíneos? ¿Qué tan lejos puede llegar un hombre por defender su honor? No hay novedad: Toda certeza se quebrará en el vacío. Una ráfaga romperá el aire mientras los bichos y el mezquite presencian nuevos finales.

*Una primera versión se este texto, redactada en inglés, fue publicada en el sitio de Talent Press, como parte de los ejercicios realizados en Berlinale Talents 2022: A Kinggdom Crumbles in ‘Northern Skies Over Empty Space’.


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